Mundo ficciónIniciar sesiónCapítulo treinta
Lo golpeó con todas mis fuerzas, pero este no se mueve ni un centímetro, me encierra con sus manos a cada lado de mi cabeza e inspira ondo, sus ojos brillosos no abandonan los míos y mi cara automáticamente toma un color rojo intenso.
Desvío la mirada y coloco mis manos en su pecho—Suéltame, se supone que eres amigo de Elizabeth, no el mío.
—N







