En el tranquilo pueblo donde Amaris construyó su hogar, la historia de la familia continuaba con el suave murmullo de risas infantiles. Los nietos de Amaris, criados bajo el cálido abrazo de la casa familiar, llevaban consigo la chispa de la curiosidad y la promesa de nuevas aventuras.
Era un día de verano, y los nietos se aventuraban al jardín, explorando los rincones que habían escuchado en las historias que contaban sobre la abuela Amaris. Descubrieron el árbol que creció junto a la estatua