La soledad del calabozo envolvió a Lexi, dejándola a merced del silencio que la rodeaba. Los pasos apresurados del demonio se desvanecieron gradualmente, sumiendo a la joven en una profunda inquietud. La incertidumbre y el miedo se mezclaban en su mente mientras se preguntaba quién era y por qué estaba allí.
Sin previo aviso, el silencio fue roto por unas pisadas lentas y tenebrosas que resonaron en el suelo de piedra. El corazón de Lexi latió con fuerza cuando sintió que esas ominosas pisadas