Capitulo 248

Aoife alisó las sábanas de la cama de Amaris por lo que le pareció la millonésima vez aquel día, y se sentó pesadamente en el sillón que había a un lado de la cama.

La habitación aún conservaba ese olor estéril a desinfectante que parecía invadir tus sentidos y abrumarte cuanto más tiempo permanecías allí. Aoife había hecho todo lo que se le había ocurrido para intentar que al menos oliera un poco más a casa, pero fue en vano.

Los constantes pitidos y zumbidos de la multitud de máquinas que est
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