Fernando gruñó por lo bajo mientras giraba la cabeza y miraba nervioso a su alrededor, notando un buen número de ojos entrecerrados dirigidos hacia él. Respiró hondo y giró los hombros, obligándose a relajarse mientras se pasaba la mano por el pelo.
La furia seguía ardiendo en sus ojos, pero al menos su agresividad estaba bajo control.
‘Escucha, sobre Jess…', exclamó, pero Minerva no se dio por aludida y levantó la mano para silenciarlo.
‘Me importan una m*erda tus excusas y estoy segura de