Leopold volvió a su conversación con Fernando, y se esforzó por entender todo lo que este le estaba diciendo. Todo era tan absurdo y descabellado que al principio le costaba creerlo, pero cuanto más oía, más sentido empezaba a tener todo en su vida.
Elevó la vista por un instante y su mirada se posó en su hija Amaris, estrechamente abrazada por el Alfa Nocturne mientras caminaban con Minerva a su lado. Su corazón se retorció dolorosamente al verla. Sabía que sus chances de ser perdonado después