Sebastian.
“No, no, no”, las palabras salen de mi boca mientras corro hacia Red.
El coche que la atropelló ya se había ido. Por ahora eso ni siquiera importaba. No cuando Lauren estaba inconsciente en la calle.
Caigo de rodillas y la tomo con cuidado sobre mi regazo. No podía detener las lágrimas que corrían por mi rostro. O el dolor que me desgarraba al pensar en perderla.
“Por favor, despierta Red, déjame ver esos hermosos ojos”, suplico, pero ella no abre los ojos.
Reviso su pulso. Estab