“Ibas a irte, ¿no?”, me pregunta.
Sé que se refiere a cuando choqué contra él. No le respondo porque ya sabía la verdad. No vi la necesidad de repetir lo que ya sabía.
“¿Por qué?”, pregunta en voz baja.
Había tristeza en su voz.
“Ella entró y tus ojos se posaron sobre ella. Luego te levantaste y te fuiste hacia ella sin decirme una palabra. Es como si en tus ojos, ella fuera la única que existía”, respondí.
Era la verdad. Eso es lo que vi a través de mis ojos. Esa era mi perspectiva desde d