Cuando abro los ojos, estoy en una habitación, acostada en una cama. Estaba llena de polvo y parecía que no había sido usada en mucho tiempo.
Me dolía todo el cuerpo, lo cual no era una sorpresa dado que salí disparada a través del parabrisas.
Lucho por levantarme. Es cuando estoy sentada contra la cabecera que me doy cuenta de que me arde la piel y que tengo las piernas encadenadas al suelo.
Intento romperlas pero es fuerte y la plata me quema la mano. Suspiro y la dejo después de un par de