Media hora se demora la policía en devolverme mis pertenencias, pero cuando al fin tengo la moto en mis manos me siento aliviada.
Vincent se fue en su camioneta a llevar al muchacho que ayudó a sacar de la cárcel, me dio la dirección de una cafetería en la plaza del pueblo, y me pidió que lo viese allá cuando terminara.
Acepté su invitación de tomar un café y conversar, sin embargo, ahora no estoy tan segura de haber hecho lo correcto. Él parece un buen chico, es guapo y atento, y me ha ayudado