El lobo tenía muchas incógnitas en lo que se relacionaba con su mate y eso lo estaba desesperando. No era alguien que tuviera el don de la paciencia y tener que estar con dudas hacía que se incomodara. Y eso no era bueno para los que estaban alrededor de él. Ya la habitación comenzaba a llenarse de feromonas que hicieron retroceder a Sena en advertencia, aun cuando no era él el centro de su molestia.
Al final soltó un suspiro y corrió su cabello hacia atrás que ya comenzaba a secarse.
-Cuándo a