Capítulo 10. Mi otra Luna
La gente de este lugar no deja de ser molesta, sino fuera por mi hermano, ni siquiera me aparecería en este aquí.
Desde que pongo un pie en el castillo, su servidumbre no deja de cuchichear a mis espaldas, no es como que me importara lo que digan, pero estoy harto de esto.
Estoy caminando en el recibidor y me doy cuenta que la pelirroja molesta, esta a punto de cargar mi maleta para subirla a mi habitación, en ese instante, una sensación de molestia me recorre.
-Mary, ocúpate tú de mis cosas,