Sólo pudimos dormir un par de horas antes que Milo me llamara para desayunar.
—¿Adónde vas tan temprano? —pregunté al ver que Risa se levantaba también.
—Los baños —murmuró, obligándose a dejar la cama con un suspiro fatigado—. Me temo que hoy tendré que pasar el día allí.
—Te amo, mi pequeña —susurré tomándola en mis brazos.
—Y yo a ti, mi señor.
Me eché encima mi bata, recogí mi ropa apresurado y la dejé para que pudiera descubrir sus ojos y vestirse tranquila.
Poco después bajaba a reunirme