La fiesta se prolongó pasada la medianoche.
Esos bailes nunca me habían atraído, y no tardé en salir con mis tíos y varios más, a conversar y disfrutar la noche al aire libre. Sin embargo, me cuidé de ubicarme de frente a los ventanales y el salón, para poder ver a mi pequeña.
No era fácil mantenerme alejado de ella. Nuestra raza no florece en soledad, y nuestras tradiciones alentaban la formación de nuevas parejas y nuevas familias. Tener a Risa tan cerca y verme obligado a ignorarla se hacía