Me dejé caer en mi cama agotado, mental y emocionalmente. Cuanto acababa de suceder me había dejado más exhausto que la batalla más difícil. Y todavía faltaba la cena de bienvenida. Lo que menos quería era tener que vestirme para la ocasión y sentarme a presidir las mesas de los clanes. Pero era la única aparición pública de madre en el año, y mi lugar era a su lado.
Me obligué a levantarme gruñendo. El agua en el caldero que colgaba del hogar ya estaba caliente, y el vapor llenaba el aire de p