Mi primo palideció al escucharme, y todos sus hermanos se envararon, intercambiando miradas aprensivas.
—No comprendo, Mael, yo… —balbuceó Finneas desconcertado.
—Tú nunca aceptaste mi liderazgo —lo interrumpí—. Es hora que lo digas abiertamente. ¿Por qué crees que tu padre eligió a mi padre como sucesor y no a ti?
Su expresión se ensombreció, y fue tan torpe de desviar la vista por un instante hacia mis tíos. Rodeé la mesa para alejarme de ellos, y dejarlo en evidencia si volvía a hacerlo.
—¿Y