Mundo ficciónIniciar sesiónCorrí como alma que lleva el diablo todo el camino desde el Atalaya, sin detenerme hasta mis habitaciones, donde cambié antes de derrumbarme atravesado boca abajo en mi cama, sin aliento, la cara oculta entre mis brazos cruzados, luchando por contener las lágrimas.
—¿Mael?
La voz de madre en mi mente me sobresaltó.
—Ahora no, madre —repliqué todavía agitado.
—¿Por qué lloras, hijo? —preguntó con ternura—. Debería ser el día más feliz de tu vida.
Manoteé una







