Mundo ficciónIniciar sesiónLos hijos mayores de Artos bastaban y sobraban para traer a la pandilla de nobles a nuestra presencia. Golpeados y sucios tras la batalla, maniatados, no se hicieron rogar cuando les ordenaron que se arrodillaran ante nosotros, agachando la cabeza temblorosos.
Cambiar ante humanos no era algo que nos gustara, pero Eamon tenía razón con que nos convenía impresionarlos. De modo que eso hicimos. Nos contemplaron con ojos desorbitados mientras nos envolvíamos en







