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El truco era tan simple como terrorífico. Alanis vistió su vistoso atuendo de bruja, que incluía un gran sombrero puntiagudo y un cayado alto como ella, y todos los demás vestimos de negro de pies a cabeza. Para completar el disfraz de espíritus malignos, nos untamos caras y manos con barro. Uno de los muchachos cruzó el filo de la colina y bajó un poco por la ladera opuesta, para que supiéramos dónde emboscar a los cazadores furt

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