Logro llegar al baño y vomito lo que me quedaba de la noche anterior. Malachi viene corriendo detrás de mí para verme aferrarme al bote de basura para salvar mi vida. Me limpio la boca con el dorso de la mano y lo miro. “Estoy bien. Probablemente sea algún virus el que está circulando”, le digo.
Él se apoya en el marco de la puerta y me sonríe levemente. “Iré a buscar sopa y soda de jengibre para calmar tu estómago”. Malachi se ofrece, ayudándome a levantarme del suelo. Camino hacia el lavabo