Valeria salió del restaurante y se escondió cerca para espiar a la pareja. Observó cómo Daniel miraba a Luciana con una sonrisa en los ojos... ¿Acaso estaba enamorado de ella? Apretó los dientes con furia:—¡No! ¡Daniel es mío! —pensó— ¡No permitiré que nadie me lo quite!
En medio de su enojo, sintió de repente un escalofrío... Al mirar hacia Daniel, se dio cuenta de que él ya había notado su presencia y la observaba. Su sonrisa había desaparecido, reemplazada por una expresión fría y amenazante.