Desde que decidí tener un trabajo secundario, mis días han estado llenos de dibujos. Apenas termino los bocetos, paso al coloreado, y cuando la obra está lista, la subo a internet. Y así continúa el ciclo.
El sonido de la puerta abriéndose me hizo levantar la mirada instintivamente. Era Daniel quien entraba. Estaba por volver a mi trabajo cuando se acercó: —Voy a tomar café, ¿qué quieres tomar tú? —Lo pensé un momento y respondí—: Té, por favor.
Daniel me preparó una taza de té y, al ver las hoj