Después de que Sofía descansó, toda la familia se sentó en el comedor a cenar.
Víctor miraba la mesa llena de deliciosa comida, tragando saliva inconscientemente.
Daniel, notando esto y temiendo que se sintiera incómodo para servirse, usó los palillos comunales para servirle.
Víctor se apresuró a decir: —No es necesario, puedo hacerlo yo mismo.
—No seas tímido —la voz de Daniel seguía siendo fría.
Miré a Daniel de reojo, era curioso, su apariencia e incluso su forma de tratar con la gente daba u