–¡MENTIRA! –corrió a recoger el arma cerca del cadáver sin ojos–. Aun no a acaba –le disparo a Alex, convencida de que se trataba del enemigo.
–¡Señorita! –corrió dentro del salón, esquivando los disparos desenfrenados que la joven no paraba de producir.
La vista de inmediato busco por el lugar a Marco y Eduardo, dándoles una señal de que se alejaran no sin antes lanzarle el recipiente que contenía los dulces. Agarrándolo tras ser lanzados, resultando un disparo el causante de esparcir el conte