–Mimí no lo sabe, pero ese hombre era amigo del señor Méndez. Él trabajo en las fuerzas especiales secretas de los Estados Unidos. Así fue como ingreso a la mansión como instructor de defensa personal. En ese tiempo yo escalaba mi rango como agente y, a pesar de poseer la estimación del señor Méndez y ser un guardaespaldas menor, no se me permitió entrenarla, ni interferir.
Las miradas largas y el recuerdo del pasado, posaron sobre los rostros de todos, comenzando a molestarse por los hechos qu