Alex le grito que cerrara los ojos pero ya era demasiado tarde. Un dolor en la cabeza la invadió causándole fuertes migrañas que no dudo en quejar, dejándole un zumbido en los oídos que se extinguió en compañía del dolor, postrándose sobre el rostro una vacía mirada que todos quienes la conocían, a excepción de Marco, reconoció.
–Yo lo quería… –susurro Mariana, burlándose el hombre que la sostenía– ¡ERA MIO!
Revelando las dos navajas ocultas que poseía en la cintura, lo golpeo con su cabeza d