Eco.
Presiona con fuerza sus uñas, son tan largas y filosas, arden contra la delgada piel de mi cuello
—Permítete curarte— dice amablemente —. Cuando termine serás una mujer diferente, más lista y comprensiva.
—¡Yo...no quiero...NADA TUYO!— trato de quitar sus manos pero no logro ni moverla.
Lucho contra una fuerza extrema, el ser que yace parado frente a mi no es Marta...no es mi abuela.
—Pensé que eras más ruda— niega con la cabeza al momento que pasa la mano libre en su rostro —. Me decepci