CAPÍTULO 9: ¿QUIÉN ERES?
Enzo salió de su aturdimiento y algo profundo e inesperado surgió en su interior. Mientras sus ojos recorrían el rostro sonrojado de Svetlana, la certeza de que era el primero lo llenó de una posesividad que no conocía. Pero no solo eso; otro pensamiento se afianzó con fuerza: no quería ser solo el primero. Quería ser el único.
—Eres mía, Lana —sentenció posesivamente, mientras su mano aferraba su cintura con firmeza—. Solo mía. Nadie más te tocará. Nadie más conocerá