RAFAEL.
Perdida en mis pensamientos sobre el baile, salgo a buscar a Sabrina, donde suele pasar sus días. No puedo evitar admitir que estoy un poco celoso. No, no me gustaría que me obligaran a quedarme en esta propiedad día tras día, pero la idea de descansar al sol todo el día y luego pasar horas hojeando revistas no parece la peor cosa del mundo.
Encuentro la silla del patio vacía y su vaso de té helado en la mesa al lado. Mirando al otro lado del césped, escaneo el área pero no la encuentro