Isabella apretó aún más fuerte la tela de su camisa, conteniendo el dolor punzante que sentía atravesarle el pecho.
En medio del ir y venir de los estudiantes que se apresuraban hacia la salida de la facultad, cerró los ojos por un instante y controló su respiración entrecortada para contener la fina capa de lágrimas que amenazaba con desbordarse de sus ojos.
Lucy, que estaba a su lado, abrió los ojos con preocupación.
—¿Isabel? ¿Qué te pasa? ¡Estás muy pálida!
Antes de que Isabella pudiera res