Un silencio incómodo se apoderó de la sala de reuniones durante unos segundos. Liam recuperó rápidamente el control de su sorpresa, inhaló profundamente y luego ocultó cualquier rastro de emoción detrás de su expresión, que volvió a mostrarse fría e imperturbable.
Liam avanzó hacia la mesa, pero no aceptó la mano que Claudine le tendía. En su lugar, se limitó a ofrecerle un asentimiento formal y distante.
—Buenos días —respondió Liam con indiferencia. Su voz sonó firme, sin el menor rastro de c