Juan tomó rápidamente el brazo de Serena con suavidad, con la intención de alejarla de la mesa de su jefe y, al mismo tiempo, amigo.
—Será mejor que busquemos otro lugar... No queremos molestarlos —dijo Juan apresuradamente antes de darse la vuelta con intención de marcharse.
—Pero, cariño... —protestó Serena, reacia a moverse, mientras sus ojos seguían mirando a Isabella con entusiasmo.
—Juan... vamos a comer los cuatro —los llamó Isabella mientras se levantaba instintivamente de su silla.
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