—¿Mateo...? —susurró Isabella.
Su voz apenas logró salir de su garganta, ahogada por la inmensa sorpresa que la invadía.
Mateo se detuvo por completo. Permaneció inmóvil en su sitio, mirando fijamente a Isabella sin parpadear.
Liam fue el primero en romper el incómodo silencio. Aunque su mandíbula permanecía tensa, su expresión seguía siendo serena mientras extendía la mano derecha hacia el frente.
—Hola, señor Alvarez. Nos volvemos a encontrar —saludó Liam, dirigiendo una mirada firme a Javier