Liam finalmente detuvo el automóvil en el garaje de su casa después de casi tres horas conduciendo sin rumbo fijo.
El cansancio y una insoportable opresión le pesaban sobre el pecho. Apenas entró en la casa, dejó caer su agotado cuerpo sobre el sofá. Su mente no dejaba de dar vueltas, reviviendo una y otra vez la expresión de Isabella, llena de rabia.
Metió la mano en el bolsillo y sacó su teléfono. Sus dedos quedaron suspendidos sobre la pantalla con cierta vacilación, deseando llamar a Isabel