Isabella no tuvo tiempo de protestar. El susurro provocador de Liam, justo junto a su oído, reavivó al instante los últimos vestigios de la pasión de la noche anterior.
Antes de que la razón de Isabella pudiera levantar una defensa, Liam ya había girado el cuerpo de su esposa y la había estrechado entre sus brazos en una intensa oleada de intimidad.
Bajo la luz de la mañana que se filtraba por las rendijas de las cortinas, ambos volvieron a perderse en el torbellino de la alcoba. Los suaves sus