69. Entre la espada y la pared
Frialdad. Oscuridad.
Los primeros días trató de congelar su corazón para que nadie se atreviera a preguntar el por qué. Nadie podía ver su debilidad. Nadie podía saber en lo absoluto cuál fue el error que cometió al dejar que, por primera vez, su corazón lo guiara. Perdido en el recóndito fondo del odio, Gerald permaneció ajeno a lo que sucedía en el mundo por su dolor oculto.
Desde la muerte de su madre, no valía quedarse en Tirana. Se marchó de ahí y ordenó a Edmund callar ante cualquiera