El campus de la Universidad de Ashford Hills se desplegaba sobre una franja de colinas verdes y frescas, apartado del bullicio de la ciudad. Los edificios académicos, de una arquitectura moderna y refinada, se distribuían a lo largo de un vasto terreno adornado por frondosos árboles y jardines impecablemente cuidados. Durante las primeras horas de la mañana, la atmósfera universitaria respiraba un aire vital y revitalizante, con estudiantes transitando de un lado a otro entre los diferentes pab