Diane había retrocedido, las piernas se habían sentido débiles en ese momento, pero la expresión del hombre había cambiado por completo, sus ojos irradian fuego.
— No queda absolutamente nada, señor, todo se ha convertido en cenizas - Volvió a repetir el Subordinado.
— ¿Mis papás? - Murmuró Diane, pero Dominick ni siquiera había mirado a la mujer, sus ojos estaban puestos en el hombre que le había dado aquel informe, aquella mirada que podría traspasar hasta el muro incapaz de ser penetrable.
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