En aquel momento, Rebecca y Alex comparten un vínculo que trasciende el tumulto del mundo exterior, como si estuvieran suspendidos en un mundo aparte. El abrazo que se dan no es solo un gesto físico, es una alianza de almas que crea un refugio de pura felicidad. Cada segundo se convierte en una cuenta regresiva, esperando ansiosamente la celebración del segundo aniversario de sus hijos. Una escapada a Nueva York se convierte en el escenario de la huida, dejando atrás los problemas de Boston.
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