Punto de vista de Hazel
El viaje en coche a casa transcurrió en completo silencio. Leo apretaba el volante con fuerza. Tenía los nudillos blancos. Me senté en el asiento del copiloto y miré por la ventana. Los árboles y las casas pasaban borrosos ante nosotros. Sentía el pecho agitado. La pelea había terminado, pero la sangre me latía con fuerza. Me dolían las manos con una punzada sorda y pesada. Me froté el puño derecho con el pulgar izquierdo. La piel estaba roja y en carne viva. Algunas z