Capítulo VIII. La octava cena. Quédate conmigo.
OLIVIA.
Sus besos en mi espalda me despertaron.
Suspiré, desperezándome, y me removí un poco, apretando las piernas por la pequeña cota de excitación que me causó la mojada y tibia sensación de su boca estampando huellas a lo largo y ancho de mi piel.
—Buenos días —le dije con la voz camuflada por la almohada. Yo aún seguía boca abajo, no me movería, se sentía divino estar así.
Carlos respondió con un gruñido y me quitó el resto de la sábana, ech