El frío de la madrugada me caló en los huesos apenas salí de la camioneta. Estaba llegando al apartamento con los pasos lentos pero firmes, sintiendo el leve mareo del whisky de Artiom flotando en mi sangre. Vi mi reloj de pulsera bajo la luz tenue del farol del pasillo y ya iba a hacer las cuatro de la mañana. Sí, antes de aparecer en el apartamento, tuve dando vueltas y vueltas por la ciudad, conduciendo sin rumbo fijo mientras intentaba apaciguar el fuego extraño que esa enana encendía en mí