Punto de vista de Julio
Luis no respondió de inmediato. Con los labios apretados, sujetó el volante con ambas manos, mirando fijamente al frente.
Temiendo que se enfureciera, iba a salir del coche, pero antes de que pudiera hacerlo, me agarró del brazo y me hizo retroceder.
—¿Y Mateo? —preguntó, mirándome fijamente a los ojos.
Con el corazón en un puño, intenté encontrar las palabras perfectas para decirle, pero no me salían las ideas.
—No es importante, así que no deberíamos hablar de él —dijo