Punto de vista de Julio
El viaje a casa fue tranquilo y casi insoportable.
Luis conducía con las manos apretadas alrededor del volante, la mandíbula apretada y la expresión ilegible en el espejo retrovisor.
Jugando con mis dedos, miré por la ventana, viendo cómo las luces de la ciudad se desvanecían en rayas de oro y blanco, tratando de calmar mis pensamientos acelerados.
Mi pecho todavía se sentía apretado por la confrontación anterior, y aunque quería hacerle mil preguntas a Luis, no me atrev