A la mañana siguiente, Alana contemplaba sus maletas pensando ¿Qué hacer de ahora en adelante?
¿De verdad todo había terminado? De esta manera. Pensó triste. Cuando sintió que tocaban la puerta. Esta indico que pasaran, encontrándose al padre de su marido en la puerta.
-No haz desempacado, hija.- le dijo.
-No, la verdad- dijo triste-
-Puedo sentarme.- le dijo este. Alana lo ayudo a sentarse con ella.
-Hija, se que mi hijo es bastante especial pero no quiero que tomes las cosas a pecho-