Cuando el auto de Nohemi se detuvo a una distancia prudente de la casa, ella no pudo ver la conmoción que ocurría unos metros frente a ellos. El chofer se bajó de inmediato, a medida que se encaminaba en dirección a la concurrencia, fue deshaciéndose de parte de su ropa.
Un nutrido grupo de personas rodeaban una zona del jardín, por el hueco que dejó uno de ellos al moverse, pudo notar a una persona en el suelo, sobre sus manos y rodilla, que parecía padecer un insufrible dolor.
Frunció el ceño