―Quiero irme a casa ―pidió en voz baja la pelirroja, que en el silencio de la habitación se escuchó con claridad.
Camerina la miró con algo de compasión, sus ojos ―capaces de ver el vínculo― podían notar las fluctuaciones emocionales de la mujer. Comprendió que existían heridas sin sanar, producto de experiencias pasadas.
En cambio, Charles, soltó un suspiro cansado; él mejor que nadie sabía la culpa que embargaba a Nohemi. Decidió contarles a ambos lo sucedido, porque estaba seguro de que ella