La bofetada me toma por sorpresa y apenas soy consciente de lo que esta pasando y quien acaba de golpearme la cara.
—Ocaso, ¿cómo puedes estar organizando una boda en este momento? —me pregunta, su tono de voz lleno de incredulidad—. Mi hijo, Morax, no lleva un mes de muerto. ¿Cómo puedes pensar en celebrar una unión cuando todavía estamos de luto por su pérdida?
Me siento un poco defensiva, y mi voz se vuelve un poco más baja con los ojos llenos de lagrimas.
—Anya, por favor, entiende —le digo