Salgo de mi habitación, decidida a llegar a los calabozos. La noche es oscura y silenciosa, y puedo sentir la luna llena sobre mí. Camino con sigilo, evitando a los guardias que patrullan los pasillos. Mi corazón late con emoción y nerviosismo, sabiendo que estoy a punto de hacer algo peligroso.
Llego a la entrada de los calabozos, un lugar sombrío y ominoso. Un lobo grande y feroz custodia la entrada, su mirada intensa y desconfiada. Me acerco a él, intentando parecer tranquila.
—Necesito entr