Unos dedos largos sostenían la mandíbula dorada, mientras que otro se posaba sobre la delgada comisura de sus labios. Sus ojos oscuros brillaban.
—No sé qué pasó —respondió ella, manteniendo su decisión de restarle importancia al incidente.
—Si me mientes, lo descubriré —le advirtió él en voz baja—. El personal de Augustus está revisando las grabaciones en este mismo momento. Te vi caer y creo que te empujaron. Quiero saber quién crees que te hizo eso y por qué lo crees.
—Podría haber sido un a